Cazador Cazado

Allí se encontraba él, pensando que ella le pertenecía; tendidos en frágiles láminas heladas, sábanas de acero, que cambiaban su temperatura directamente con sus cuerpos.
Él la miraba con sus ojos de halcón y ella se escabullía por la cama con movimientos naturales de una serpiente, él sabía lo que quería y ella sabía que debía hacer para que él creyese saber lo que quería.
Él agitaba sus monumentales alas para acercarse más y más, ella se arrastraba dejándolo acercarse para luego escabullirse en un interminable ciclo de persecución.
Ambos cierran sus ojos, por el breve instante en que están; él se sabía dueño de lo que pasaría... la tomaría entre sus garras, la convertiría en su presa y se sentía seguro, quizas por aquello vuelve a cerrar sus ojos confiado de todo, confiado de nada.
Abre sus ojos para verla por última vez y lanzarse en picada, mas el principio de incertidumbre se hizo presente y todavía no lo tengo muy claro, pero tal vez por el viento o más bien por el veneno de ella, él se vio en el suelo, con sus alas pegadas a la cama y ella arriba, ascendiendo al cielo como lo hizo antaño una mujer, en movimientos exactos, sutiles y por fin él comprendió que ella no era de nadie y así, así, nació el amor.
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