El Otro

lunes, agosto 18, 2008

EL HABITANTE DESESPERANZADO

EL HABITANTE DESESPERANZADO

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado.

Pablo Neruda.

Si Pablo Neruda es el poeta de Chile, ¿por qué deberíamos centrarnos en analizar su prosa?. Creo que la tentativa de respuesta se encuentra en la misma pregunta formulada.

El habitante y su esperanza es una novela – el mismo Neruda la clasifica de esta forma en el título de la cubierta - escrita en 1926, cuando Pablo tiene tan sólo veintidós años y ha publicado tres obras: Crepusculario (1923), Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) y tentativa del hombre infinito (1926).

Luis Íñigo-Madrigal en su artículo El habitante y su esperanza y la novela de su época nos señala que: “en 1926 salen de prensa –sin contar las reediciones– veinticinco novelas de autores chilenos; de las cuales de sólo cuatro, creo, se ha conservado memoria”. Las cuatros obras que se mencionan son: Bestia dañina de Marta Brunet, Un muerto de mal criterio de Jenaro Prieto; El hombre de los ojos azules de Manuel Rojas y El habitante y su esperanza de Pablo Neruda. El profesor Luis, nos aclara, que la novela de Neruda, en comparación a las otras tres, es la que se maneja en “círculos sin duda más amplios”.

La novela de Pablo Neruda consta de XV capítulos, más un prólogo del autor. Es debido a esto, que la clasificaré como nouvelle o novela corta. Hernán Loyola, en su texto Neruda la Biografía literaria, nos señala que: “Las indicaciones de novela que ya en la primera edición aparece bajo el título de cubierta, en verdad le queda grande al relato considerando su número de páginas o palabras. Pero desde el punto de vista de la estructura y de la disposición narrativa, Habitante ofrece la varia complejidad de una elaborada novela moderna (del siglo XX). Hoy se diría que es una compact novel”

Considero que, para hacer un análisis de El habitante y su esperanza de Pablo Neruda, se debe comenzar por el prólogo. Los prólogos son un tipo de paratexto y según Gerard Genette “los paratextos están orientados a destacar el nombre del autor, los títulos, los prefacios y las ilustraciones respecto del texto central”.

Pero, ¿Se puede difuminar la frontera entre paratexto y texto central?, Pablo Neruda lo hace: conecta el prólogo del autor con el relato en sí. Como señala Íñigo-Madrigal: “no solamente sirve al ciudadano Neruda, al poeta Neruda, sino también al narrador y protagonista de El habitante y su esperanza y esto ocurre premeditadamente”.

Prólogo

He escrito este relato a petición de mi editor. No me interesa relatar cosa alguna. Para mí es labor dura, para todo el que tenga conciencia de lo que es mejor, toda labor siempre es difícil. Yo tengo siempre predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada a escribir bailables o diversiones.

Yo tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no llega profundamente a mi sensibilidad.

Para mí fue muy difícil aliar esta constante de mi espíritu con una expresión más o menos propia. En mi segundo libro, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, ya tuve algo de trabajo triunfante. Esta alegría de bastarse a sí mismo no la pueden conocer los equilibrados imbéciles que forman parte de nuestra vida literaria.

Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales.

Pablo Neruda

Así termina el prólogo y comienza el capítulo I:
I

Ahora bien, mi casa es la última de Cantalao, y está frente al mar estrepitoso, encajonado contra los cerros.

La conexión entre relato y prólogo se produce con el “Ahora bien” que da inicio al capítulo I. Según la DRAE la locución conjuntiva “Ahora bien” significa: “Esto supuesto o sentado”.

Concuerdo con Luis Íñigo-Madrigal en que el “Ahora bien” ocurre premeditadamente. La locución conjuntiva con la que comienza el texto de la novela no puede interpretarse como una de las anomalías sintácticas de Neruda.

No obstante, para mi existe una continuidad entre el prólogo de la obra y el relato ficcional, es decir, el habitante comienza en el prólogo y no en el “Ahora bien”. A diferencia de lo que piensa el profesor Luis Íñigo-Madrigal, que el “ahora bien” liga al extrañamiento social, la distinción entre alta y baja cultura, tanto del poeta como del narrador.

Si seguimos mi propuesta tendremos que afirmar que se produce un juego entre el autor y la voz que narra. ¿Quién hace el preámbulo para excitar la atención y preparar el ánimo del lector? Existe una metalepsia, un cambio de realidad entre el autor y el narrador. En conclusión habría que aceptar que no sólo se ha esfumado el límite paratexto y texto central; sino, también, la división autor narrador.

Sonia Mattalia, en su trabajo el habitante y su esperanza: de la angustia y el deseo, sobre este punto nos entrega una idea bastante clarificadora: “la convivencia del “yo” que prologa y la sucesión del otro “yo” que narra, difuminan el lugar de enunciación transformando la voz narrativa en una explícita máscara del autor y viceversa. Como bien señala Achugar: “Escritura más paradigmática que sintagmática””.

Neruda, nos añade además que: “He escrito este relato a petición de mi editor. No me interesa relatar cosa alguna”. No obstante, independientemente de lo que nos señala Pablo, sí hay algo que se nos narra y utilizaré la síntesis que realiza Verani en La narrativa hispanoamericana de vanguardia sobre el habitante y su esperanza: “En un lúgubre otoño a orillas del mar un “pobre hombre habitante perdido en la ola de la esperanza”, que acalle su congoja, evoca sus amoríos con la mujer de su compadre, asesinada por éste, sus robos de ganado, su prisión, la persecución del asesino y la progresiva soledad poblada de sueños de venganza”.

El hecho de que señale que esta obra es por petición de su editor, nos muestra, por un lado, el desinterés del autor por escribirla; por el otro, podemos deducir que es una forma de no hacerse cargo de lo que escribe, de alejarse de su novela.

Luego nos señala que: “Yo tengo siempre predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada a escribir bailables o diversiones”, la primera conclusión que podemos obtener es que aunque la novela haya sido escrita por petición de su editor no es un bailable o una diversión, porque si fuese de esta forma, no estaría la posibilidad de hacer este análisis, ya que no existiría. Además, y como segunda conclusión Hernán Loyola nos señala: “esta declaración, que suena tan decididamente adversa a la narrativa, en verdad no hace sino generalizar, con esa imprecisión contingente que no será rara en las teorizaciones literarias de Neruda. Quien, desde luego, fue un gran lector de novelas… por lo tanto la animadversión de Neruda se refiere entonces a las novelas criollistas y mundonovistas nacionales del posrealismo y del posnaturalismo de impronta europea”.

Entonces, ¿Por qué Loyola nos señala que Neruda se refiere a las novelas criollistas o mundonovistas?

En un prólogo a una novela corta de Pérez-Doménech, la moscovita de los transatlánticos, Pablo Neruda escribe:

La novela es la clásica emboscada del escritor. Éste se pega fraudulentamente al miserable ser de la realidad y su expresión se convierte en desnudos residuos, en congregaciones estériles de acciones y su premeditado fluir se arrastra a cansados tumbos. La mala ley del sensacionalismo, del naturalismo, del localismo inaugura casi siempre la pluma del joven autor y lo convierte en vástago de innumerables generaciones decaídas. En tal corriente de libros no aparece ningún elemento sobrenatural o delicado, su tejido es supersticiosamente igual y no desarrolla esa sustracción del alma al mundo que guarda como tesoro la condición de poeta ejemplar. No es así en este cuaderno de Pérez-Doménech…

No obstante, Neruda ambienta El habitante y su esperanza en un mundo rural, por ejemplo:

Ahora bien, mi casa es la última de Cantalao, y está frente al mar estrepitoso, encajonado contra los cerros… (cap. I)

No es raro que me siente entonces en un tronco mirando hasta lejos el agua inmensa, oliendo la atmósfera libre, mirando cada carreta que cruza hacia el pueblo con comerciantes, indios y trabajadores y viajeros… (cap I)

Los cuatros caballos son negros con la luz nocturnas y descansan echados a la orilla del agua como los países en el mapa. Rivas y yo nos juntamos en el Roble Huacho y echamos a andar a pie sin hablar... (Cap. III)

Robar caballos es fácil, y contento Rivas y yo apuramos las bestias. Rivas sabe su oficio y llegará con el rono a Limaiquén, y nadie como él sabrá ocultarlo y venderlo... (cap. III)

El calabozo tiene una ventanuca, muy arriba, muy triste, con sus delgados fierros, con su parte de alto cielo. Dos o tres presos son: Diego Cóper, también cuatrero, hombre altanero, de aire orgulloso, y Rojas Carrasco,tipo gordo, sucio, antipático, que no sé en que líos tiene con la policía rural... (cap. IV)

A media tarde se escurre por debajo de la puerta una gallina. Ha puesto después entre la paja del camastro un huevo que dura ahí, asustando su pequeña inmovilidad... (cap.IV)

Tanto estos fragmentos como muchos otros, que he omitido, nos muestran el ambiente rural en que se desarrolla la historia: el pueblo que nace del imaginario de Neruda Cantalao, el mar, la presencia de cuatreros, una cárcel rural, presencia de la policía rural, etc.

En el prólogo de la novela El pueblo maravilloso Francisco Contreras, introduce por primera vez el término mundonovismo en el que se nos señala: “el terruño americano posee un acervo tradicional mestizo que la literatura debe rescatar como materia novelable… ya que la riqueza tradicional posee una serie de ingredientes que supera la capacidad del análisis racional… Este tipo de novela al interpretar al hombre, no debe olvidar los fenómenos de la subconciencia o de lo inconsciente y se debe abandonar la veleidad de las pretendidas lenguas regionales”. Y como señala Mariela Insúa Cereceda en El mundo nuevo en tierras españolas: El chileno en Madrid de Joaquín Edwards Bello: “Francisco Contreras acuña el término Mundonovismo para nominar a esta sensibilidad naciente de su generación, la cual aspiraría a crear una "literatura autónoma y genuina" inspirándose en el "tesoro tradicional" que compendia las "sugestiones" de la tierra, la raza y el ambiente”

Según esta postura, Íñigo-Madrigal considera que “El habitante y su esperanza se inscribía, también, en ese proyecto junto con Alsino de Pedro Prado, aunque éste quizá no la hubiera leído”

Considero que El habitante y su esperanza aunque ambienta su relato en el contexto rural, está alejado de su escenario histórico. Como nos señala Loyola, se aleja de “los presupuestos descriptivos e ideológicos (crítica social, regionalismo, y algún vago progresismo) que inspiran la representación mundonovista del espacio campesino latinoamericano, estos no interesan en absoluto a Neruda en 1926.

Y quisiera centrame en este aspecto, a Maria Aparecida da Silva en su obra El habitante y su esperanza, más allá del Surrealismo le parece que: “El Habitante Y Su Esperanza trajo una transformación del código de normas estéticas” en comparación al período estético literario en el que se encuentra. En El Habitante Y Su Esperanza se reduce al máximo lo narrativo, donde lo descriptivo queda casi disuelto y las imágenes que se nos entregan comienzan a tomar relevancia en el texto, por ejemplo:

Por la ventana el anochecer cruza como un fraile, vestido de negro, que se parara frente a nosotros lúgubremente. El anochecer es igual en todas partes, frente al corazón del hombre que se acongoja, vacila su trapo y se arrolla a las piernas como una vela encendida, temerosa. (cap.VI)

Porque la tarde es un capullo frío de donde como negras flores emergen sombras, pasan carruajes triturando el amarillo de las hojas (Cap IX)

Y luego galopamos, galopamos fuertemente a través de la costa solitaria, y el ruido de los cascos hace tas tas, tas tas, así hace entre la maleza aproximadas a la orillas y se golpea contra las piedras playeras (Cap. XII)

Comparto con el poeta argentino Jorge Boccanera que nos señala en el prólogo de El habitante y su esperanza y Anillos que: “este tipo de escritura tiende al inventario poético”. Quizá por aquello, cada vez que leemos estamos atrapados en el subjetivismo del narrador y vemos todo a través de sus experiencias. Es por ello que de forma cómplice, el narrador en el capitulo XIV nos señala:

Voy a decir con sinceridad mi caso: lo he explicado sin claridad porque yo mismo no lo comprendo. Todo sucede dentro de uno con movimientos y colores confusos, sin distinguirse.

Mi única idea ha sido vengarme.

Y frente a este mismo Loyola nos señala que: “hay veces que nos encontramos con intermedios no narrativo, francamente lírico”. Esto lo podemos encontrar completamente en el capítulo IX:

Con gran pasión las hojas arrastran quejando, los pájaros se dejan caer desde las altas pajareras y ruedan ruidosas hasta el pálido ocaso, donde destiñen levemente, y existe por toda la tierra un grave olor de espadas polvorientas, un perfume son descanso que hecho una masa por completo se está flotando echado entre los largos directos árboles como un animal gris. Oh animal del otoño, hecho deshechas mariposas con olor a polvo de la tierra notándose aún callado en la noche que sube de los agujeros tapándolo todo con su manto sin cesar.

Como ya señalé, el profesor Luis Íñigo-Madrigal postula que la novela de Pablo puede clasificarse como mundonovista, pero la profesora Sonia Mattalia es otra voz que se contrapone a esta tesis y nos señala: Neruda abandona en este texto la mayoría de los conectivos manejados por la estrategia narrativa realista y arma una historia jugando el monólogo y a la instrospección a la vez que a la poesía. Texto cuasi surrealista, El habitante y su esperanza obliga al lector a una relación diferente con la narrativa.

Pero ¿Cuál es esta nueva relación con la narrativa? Creo que antes de dar respuesta, debemos considerar que esta es una nueva re-lectura narrativa de la literatura hispanoamericana. Nos encontramos frente a la poesía en prosa.

El poeta Boccanera dice de la poesía en prosa que: “se respira merced a su poder de sugestión, inventiva, voluntad de comunicar emociones, tono confesional, ritmo interior y fuerza de las imágenes que proyectan contenidos de la conciencia”.

Creo que la poesía en prosa otorga mayor rapidez, que la poesía, para captar la realidad - esa que está afuera, independientemente de mí -, pero que no pierde el carácter subjetivo que entrega la poesía, entonces permite la interiorización del mundo y, por consecuencia, de lo narrado.

Con relación a la misma pregunta planteada anteriormente, Hernán Loyola nos señala que: “El perfil del Habitante fue la resultante de una dosificada transacción entre la receptividad de Neruda a las transformaciones literarias de su tiempo, por un lado, y por otro la búsqueda de un lenguaje propio, necesario para su retorno al Día. Por eso el Habitante se sitúa precursoramente en el proceso renovador de la narrativa latinoamericana que desencadenarán muy pronto los compañeros de generación de Neruda, vale decir, Manuel Rojas, Alejo Carpentier, Agustín Yánez y Jorge Luis Borges, entre otros”.

Concuerdo con la profesora Mattalia en que “es el lector el que debe restablecer el encadenamiento de la historia”, pues esto se ve claramente graficado en la novela con los capítulos X, XI, XII, XIII y XIV, que es el tema que analizaré desde ahora.

En los capítulos anteriores –hasta el XVIII - se nos señala que, el personaje principal tiene amoríos con Irene, que es la esposa de Florencio Rivas. Florencio Rivas es el amigo del narrador, además de ser el compañero de cuatreras. Una noche llega Florencio a la casa del narrador y le pide que lo siga, para mostrarle que ha matado a Irene, que la ha asesinado. Así Rivas se va y el narrador queda a solas:

Pero ya está lejos y las pisadas de su caballo corren profundamente en la soledad nocturna; él ya va arrancando por los caminos de Cantalao hasta perderse de nombre, hasta alejarse sin regreso.

La encontré muerta, sobre la cama, desnuda, fría, como una gran lisa del mar, arrojada allí entre la espuma nocturna. La fui a mirar de cerca, sus ojos estaban abiertos y azules como dos ramas de flor sobre su rostro. Las manos estaban ahuecadas como queriendo aprisionar humo, su cuerpo estaba extendido todavía con firmeza en este mundo y era de un mental pálido que quería temblar.

En los capítulos siguientes no todo es tan claro como hemos mencionado, está el intermedio poético del capítulo IX. Luego se nos señala en el X la decisión del narrador protagonista de marcharse de Cantalao. En el XI el protagonista ya se encuentra en otro pueblo, con otras personas, en especial con una mujer: Lucía su amante con la cual pasa el tiempo de ocio. En el capítulo XII, vuelve a sufrir por la pérdida y en el XIII aparece obsesivamente el fantasma de la mujer de su amigo. En el XIV se presenta el verdadero deseo del narrador protagonista: la venganza; y en el XV se nos presenta este deseo frustrado.

En el capítulo X, se nos señala la decisión del narrador de fugarse de Cantalao y se nos presenta de la siguiente manera:

Era indudable que José Silva terminaría en aquello, dándose de balazos con cualquiera en una de esas lúgubres estaciones que se acercan Cantalao, y cuando todos los cálculos están hechos, cálculos que van amontonándose en la misma igualdad negativa, deshacer ese tumulto con una rápida acción es el verdadero camino. Yo escogía la huida…

Luis Íñigo-Madrigal considera que José Silva es el narrador protagonista a diferencia de lo que considera Loyola que: “Álvaro hinojosa –amigo de Pablo Neruda- es José Silva. Hombre determinado, de acción rápida y desenvuelta (Silva era el apellido materno, presente en el pseudónimo Álvaro da Silva y José podría venir de Hino-josa). Creo que es mejor decantarse por la alternativa de Íñigo-Madrigal. Entonces, se produciría un desdoblamiento del narrador-protagonista como tal, Se enfrentaría consigo mismo, pero esta ves propuesto como José Silva. Se produciría nuevamente dos realidades, una metalepsia. Esta hipótesis podría responder el por qué del desorden de los capítulos, pues es un pretexto para – como nos señala Loyola - el abandono de toda seriedad edificante.

Esto que he mencionado, no tiene repercusión en el capítulo XI pues nos presenta lo que sucede inmediatamente a la fuga:

Andrés me despertaba de la misma manera todos los días riéndose a grandes risas. Su carcajada sobresale por encima de él porque es tan pequeño que casi no lo encuentro…

…Lucía, cántame, encántame con el crecer de larva de las tinieblas, allí donde comienzan a despuntar el agujero de las ventanas, el alto brillo de las embarcaciones del tiempo, todo lo que aman los hombres y las mujeres unidos muy ardientemente y lo que yo solo, pobre habitante perdido en la ola de una esperanza que nunca se supo limitar, puede desear para acallar sus pensamientos tristes.

El capítulo XII nos señala:

Hecha la cruz de verde madera, muchos días fueron cruzando encima de mí sin que yo advirtiera, corriendo entre los malezales secretos y húmedos vecinos del cementerio, tumbado al borde de la quebrada Rarinco, hasta que el primer temporal hízome rodar a la venta de mi vivienda.

La cruz de verde madera hacia una referencia explícita a la tumba de Irene, por lo tanto este acontecimiento debe haber ocurrido antes de la fuga, posterior al asesinato.

Lo mismo ocurre en el capítulo XII. El narrador nos cuenta su luto: Después de una larga temporada de inactividad es difícil recobrar el sentido de la acción, que exige sostenidamente el equilibrio de aquellos imposibles detalles.

Se le presenta el fantasma de Irene, la recuerda de forma obsesa: Irene, hela otra vez volviendo a pasar frente a mi puerta, aunque bien lo sabe, su vestido rosado y su sombrero verde ya no despiertan mi atención.

Sí, es bien seguro, ella quiere envanecerse sola, topando débilmente mi reconcentrada pasión como desde lejos, y no sabiendo, pero yo apenas la miré. Y cuando su boca frene a mí, y todavía, ay, completamente inolvidable me preguntó el precio de la seda, y del pañuelo que yo llevaba al cuello, yo, estoy seguro le dije aquellos precios sin pizca de impaciencia.
Para terminar sólo con el desconsuelo:

Para mí las horas son iguales, y se irán a estrellones sobre el mismo atardecer. En la tienda el gato me espera cada mañana, cambia un poco su actitud según sean los ayunos que le impone mi negligencia. Pero su amo también ayuna. Porque hasta me olvido de comer, en la somnolencia de transcursos idénticos, en la inmovilidad exacta de cosas que me rodean.

Solo y desesperanzado:

Bueno, esto debe tener algún fin. O tal vez éste es el fin.

Se observa claramente que, los capítulos XII y XIII son anteriores al XI como nos señala Hernán Loyola: “creo que el momento final del capitulo XII remite –como continuación- al capítulo X y no al XIV.

En el capítulo XIV se nos presenta el deseo de venganza de José Silva:

Voy a decir con sinceridad mi caso: lo he explicado sin claridad porque yo mismo no lo comprendo. Todo sucede dentro de uno con movimientos y colores confusos, sin distinguirse.

Mi única idea ha sido vengarme.

Como ya he señalado esta parte del texto sirve para explicar la subjetividad del narrador, pero también – además de ilustrarnos el deseo de venganza – es una clave textual, con la que se nos explica el desorden de los capítulos: lo he explicado sin claridad porque yo mismo no lo comprendo.

En el último capítulo debe cumplirse la venganza:

Entonces tomé el hacha de mi compañero, pero algo extraño observé que pasaba, era mi hacha leñera la que mis árboles habían robado, y vi su luz de acero temblando fríamente sobre mi cabeza.



Pero, todo se nubla:

Tendré cuidado. Será necesario tenerla amarrada a mis tobillos, y ella gritará, os lo aseguro, aullará lúgubremente como un perro.

Y la realidad entra en caos, todo se desvanece en el mundo de los sueños:

Yo he estado solo a solo, durmiendo el hombre que debo matar, os lo aseguro, pero entre mi mano levantada con el arma brillando, se ha interpuesto su sueño como una pared. Lo juro, muchas veces bajé el arma contra ese material impenetrable, su densidad sujetaba mi mano, y yo mismo, en la solitaria vivienda, en que yo tampoco estaba, yo también me puse a soñar.

La venganza se frustra y llega la nada como el amanecer:

Ahora estoy acodado frente a la ventana, y una gran tristeza empeña los vidrios. Qué es esto? Dónde estuve? He aquí que de esta casa silenciosa de una gran valva oceánica, y donde estoy inmóvil. Es hora, porque la soledad comienza a poblarse de monstruos, la noche titila en una punta de colores caídos, destierros, y el alba saca llorando los ojos del agua.

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